Tell me how you invest your energy and I’ll tell you who you are

Our energy and time are limited. Our personality determines which aspects of our environment are presented to us as more visible or "priority" when it comes to defining where to invest our energy. For example, some of us may choose to prioritize our own well-being; others, the attraction and retention of sexual partners, and still others, the protection and care of our children [1].

The different personality traits will also determine which strategies we will use to solve these challenges, and which of them we will tend to solve more successfully.

And on what basis do we select our strategies? It is generally an unconscious decision, forged from our early childhood, as we go along responding spontaneously according to our "innate tendencies". Little by little we learn the impact that these responses have on our environment. Over time, we will be able to actively select the environments where we feel that our "pool" of capabilities has the greatest likelihood of adaptive success.[2]

All personality traits carry adaptive advantages and disadvantages. A high sensitivity to stress, for example, will allow a greater capacity for alertness, and better detection of potential dangers, both physical and social, while involving an unpleasant subjective experience, and a potential damage to the health of its bearer[3].




Dime cómo inviertes tu energía y te diré quién eres


Nuestra energía (y nuestro tiempo) son limitados. Nuestra personalidad determina qué aspectos de nuestro entorno se nos presentan como más “visibles” o “prioritarios” a la hora de definir dónde invertir nuestra energía. Algunos de nosotros escogeremos, por ejemplo, priorizar nuestro propio bienestar; otros, la atracción y retención de compañeros sexuales, y otros aún, la protección y cuidado de nuestros hijos [1].

Los distintos rasgos de personalidad también determinarán qué estrategias utilizaremos para resolver estos desafíos, y cuáles de ellos tenderemos a resolver de manera más exitosa.

¿Y en base a qué seleccionamos nuestras estrategias? Generalmente es una decisión poco consciente, que se va forjando desde nuestra primera infancia, a medida que vamos respondiendo de manera espontánea de acuerdo con nuestras “tendencias innatas”. De a poco vamos aprendiendo el impacto que estas respuestas tienen sobre nuestro entorno. Con el tiempo, podremos ir seleccionando activamente los ambientes donde estimemos que nuestro “pool” de capacidades cuenta con mayores probabilidades de éxito adaptativo. [2]

Todos los rasgos de personalidad acarrean ventajas y desventajas adaptativas. Una alta sensibilidad al estrés, por ejemplo, permitirá una mayor capacidad de alerta, y una mejor detección de potenciales peligros, tanto físicos como sociales; al tiempo que implicará una experiencia subjetiva más desagradable, y potenciales daños a la salud de su portador [3].

[1] (Lenton, Fasolo, & Todd, 2009); (Penke, 2010) (Buss & Penke, 2012) [2] (Buss & Penke, 2012) [3] (Nettle, 2006) (Penke et al., 2007)

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