Dime cómo inviertes tu energía y te diré quién eres

Actualizado: abr 11


Nuestra energía (y nuestro tiempo) son limitados. Nuestra personalidad determina qué aspectos de nuestro entorno se nos presentan como más “visibles” o “prioritarios” a la hora de definir dónde invertir nuestra energía. Algunos de nosotros escogeremos, por ejemplo, priorizar nuestro propio bienestar; otros, la atracción y retención de compañeros sexuales, y otros aún, la protección y cuidado de nuestros hijos [1].


Los distintos rasgos de personalidad también determinarán qué estrategias utilizaremos para resolver estos desafíos, y cuáles de ellos tenderemos a resolver de manera más exitosa.

¿Y en base a qué seleccionamos nuestras estrategias? Generalmente es una decisión poco consciente, que se va forjando desde nuestra primera infancia, a medida que vamos respondiendo de manera espontánea de acuerdo con nuestras “tendencias innatas”. De a poco vamos aprendiendo el impacto que estas respuestas tienen sobre nuestro entorno. Con el tiempo, podremos ir seleccionando activamente los ambientes donde estimemos que nuestro “pool” de capacidades cuenta con mayores probabilidades de éxito adaptativo. [2]

Todos los rasgos de personalidad acarrean ventajas y desventajas adaptativas. Una alta sensibilidad al estrés, por ejemplo, permitirá una mayor capacidad de alerta, y una mejor detección de potenciales peligros, tanto físicos como sociales; al tiempo que implicará una experiencia subjetiva más desagradable, y potenciales daños a la salud de su portador [3].

[1] (Lenton, Fasolo, & Todd, 2009); (Penke, 2010) (Buss & Penke, 2012) [2] (Buss & Penke, 2012) [3] (Nettle, 2006) (Penke et al., 2007)

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