Núñez Feijóo: personalidad, liderazgo y el dilema del Pacificador
- Claudia Nario

- hace 2 días
- 2 Min. de lectura

Desde la psicología de la personalidad en el liderazgo, el caso de Núñez Feijóo resulta especialmente interesante.
Soy una convencida —no solo como ciudadana, sino como psicóloga especializada en personalidad y liderazgo— de que la mejor forma de hacer política es desde el centro.
Por eso, durante años he votado a políticos de distinto signo, algunos más escorados hacia la izquierda y otros hacia la derecha, pero siempre buscando personas con capacidad de escuchar, con criterio propio y dispuestas al diálogo.
Hace unos días escuché a un comentarista decir algo que me pareció brillante:
“Ser moderado no es lo mismo que ser tibio o ser débil.”
Y pensé en Alberto Núñez Feijóo.
El entusiasmo inicial: cuando la coherencia parecía posible
Recuerdo su discurso inaugural como presidente del Partido Popular. Habló de política para adultos. De no insultar. De dialogar. De recuperar una cierta gravitas institucional.
Muchos pensamos —yo incluida— que comenzaba una etapa más constructiva.Menos testosterona reactiva. Más madurez ejecutiva.
Desde Galicia traía la reputación de gestor prudente, negociador dialogante y buscador de consensos.
Rasgos que, en psicología de la personalidad, suelen asociarse con la estructura de personalidad del Pacificador.
Cuando la virtud se convierte en vulnerabilidad
Todo rasgo fuerte tiene su lado luminoso y su lado oscuro.
La misma cualidad que te hace eficaz en un entorno puede volverse vulnerabilidad en otro.
En el caso de Feijóo, su inclinación natural al consenso —virtud clara en muchos contextos— tuvo que enfrentarse a su particular kriptonita: un entorno dominado por unos pocos matones de patio, liderazgos ruidosos, populistas y polarizantes.
¿Y qué le ocurre al líder pacificador en ese contexto?
Se activa su deseo casi desesperado de mantener la armonía y tenerlos a todos contentos. Su mandato interno lo empuja detrás de un imposible.
Su incomodidad frente al conflicto y la confrontación es tan grande —tan subterránea, profunda e irracional— que ese ambiente de tensión permanente va minando poco a poco su seguridad en sí mismo, su sensación de autoeficacia y su postura como líder.
Se debilita anímicamente.
Pierde fuerza.
Pierde norte.
Hoy lo vemos claramente alejado de su centro psicológico de moderación y diálogo. Observamos a un Feijóo desconcertante, adoptando un estilo confrontacional que no le es natural y que resulta impostado, casi artificioso. En su esfuerzo por no defraudar a los demás, terminó desdibujándose a sí mismo.
Y así puede acabar convertido en una sombra de lo que fue y de lo que pudo haber sido, de haberse conocido un poco mejor.
Lo habría visto venir.
Y habría estado mejor preparado.
La piedra con la que todos tropezamos
Esto me llevó a reflexionar.
Muchos líderes no fracasan por incompetencia.
Fracasan por no verse a sí mismos.
Quizá, visto el mundo actual —polarizado, hiperreactivo y amplificado por las redes—, no sería mala idea que nuestros líderes, sean políticos, empresariales o sociales, contaran con asesoramiento experto en personalidad como parte de su preparación estratégica.
No para cambiar quiénes son, sino para saber exactamente quiénes son cuando están bajo presión.
El autoconocimiento no es un lujo introspectivo.
Es una ventaja competitiva.


Comentarios