Creced y multiplicaos

Actualizado: abr 11

Antiguamente se entendía la selección natural como la “supervivencia del más fuerte”. Hoy entendemos éxito adaptativo, como la capacidad de traspasar nuestro material genético a las siguientes generaciones. Mientras más réplicas de nuestro material genético, más éxito adaptativo. Suena más divertido, ¿no?

Desde el punto de vista de la selección natural, la cualidad más importante de todo organismo vivo es su capacidad de adaptación, o en inglés, su “fitness”, la probabilidad estadística de transmitir nuestros genes a las siguientes generaciones [1].

Obviamente, para transmitir nuestros genes, tendríamos que cumplir con una serie de desafíos intermedios, que podemos resumir en cuatro: sobrevivir al menos hasta alcanzar la madurez sexual; ser capaz de acceder a parejas sexuales y reproducirse exitosamente; lograr que nuestros hijos y parientes sobrevivan hasta su madurez sexual; y establecer vínculos de colaboración recíproca con individuos no relacionados, de manera de aumentar nuestra probabilidad de sobrevivir.

Las intensas emociones asociadas a nuestra propia supervivencia, a la maternidad y paternidad, al “enamoramiento” y búsqueda de pareja, al establecimiento de un hogar, y al vínculo con nuestros parientes más cercanos, serían reflejo de cómo el cerebro ha evolucionado para “movilizarnos” a asegurar el traspaso de nuestro material genético. La base de estas emociones está ligada al núcleo de nuestro cerebro y opera de manera bastante automática [2]. Luego de ello, podemos agregar un poco de romanticismo. Una cosa no quita la otra.

Con esta nueva lógica, no solo se multiplicarían los más fuertes, sino también los más astutos, los más precavidos, los más atrevidos, los más pacíficos, los más creativos, o cualquiera que lograse un número razonable de hijos vivos, sea cual fuera su método. Y aunque aún nos falta mucho por entender, muchos estudios ya confirman esta sospecha: nuestra personalidad influye en nuestro “éxito reproductivo” [3]

[1] Penke, L., Denissen, J. J. A., & Miller, G. F. (2007). The Evolutionary Genetics of Personality. European Journal of Personality, 21(January), 549–587. https://doi.org/10.1002/per; Sapolsky, R. M. (2017). Behave: The biology of humans at our best and worst. New York, NY; Penguin. [2] Sapolsky, R. M. (2017). [3] Penke et al., 2007

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